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27 ene 2014

Campana Ilusión


Eran las 23:00 del 22 de diciembre cuando Corina salió de la terminal, no había conseguído un ómnibus que saliera antes, al igual que todos los años, pero si no había otra opción al menos podría estar con su familia en 48 horas, una hora antes de navidad, sumándole minutos de taxi, entre otras cosas, pero ella confiaba en que llegaría antes del brindis como siempre.
Era un noche fría, como todas la noches en ese lugar razón por la cual extrañaba su pueblo natal, la calidez de ese lugar era única. Ella se había ido de allí cuando tenía 20 años, ese día tenía 25. Su madre estaba muy enferma y con lo que ganaba su padre no alcanzaba y en la ciudad ella podría encontrar un trabajo que le diese dinero suficiente.
La nostalgia y el frio estaban presentes allí y como era tarde el sueño también pero antes de dormirse Corina pensó un deseo imposible:
-Como quisiera que este viaje fuera más corto, aunque sea unas  25 horas menos.
Mientras dormía, en sus sueños ella repasaba momentos de su vida. Había encontrado un trabajo de secretaria en un hospital con lo que podía enviar dinero a su madre vivir humildemente y viajar en cada navidad, siempre en el mismo colectivo y a la misma hora aunque se lamentaba que siempre llegara sobre la hora. Todos los días su rutina era la misma. De la casa al trabajo y del trabajo a la casa, tanto se le había pegado la rutina que hasta los fines de semana intentaba cumplirla , claro hasta que veía la puerta del hospital cerrada
Había visto muchos psicólogos pero ninguno podía darle cura a esta extraña enfermedad. Los únicos días donde su rutina cambiaba eran los 24 y 25 de diciembre porque estaba con su familia pero sin darse cuenta eso también se había convertido en rutina.
Durante los viajes se la pasaba durmiendo. Eran alrededor de las doce del 23 puesto que el colectivo paró para almorzar. Cuando volvió se percató de la mujer que se encontraba sentada a su lado, pudo ver que leía una revista sobre qué pasaría si hasta el más pequeño de los sueños pudiera volverse realidad.
-Si eso pudiera ser posible la próxima vez que me despertase ya estaría en mi pueblo- pensó Corina y segundos después volvió a dormirse. Podía calcular que eran aproximadamente las 2 de la tarde.
La chica durmió por muchas horas hasta que la voz de una azafata la despertó
-¡Campana ilusión! ¡Campana ilusion1 Hemos llegado a nuestro destino final, por favor desocupen el colectivo y que tengan una excelente estadía.
- No puede ser que haya dormido tanto-pensó Corina
Al bajarse miró el reloj y efectivamente eran las once de la noche. Era una noche lluviosa y en campana ilusión era imposible conseguir taxi esos días. De todas maneras su casa no estaba tan lejos pero si no iba de prisa no llegaría tiempo pero con la lluvia no podía correr
Apuró el paso al escuchar las 12 campanadas de la iglesia cercana pero unos pasos más delante de detuvo con tristeza y se lamento por no poder llegar a tiempo, era la primera vez que le pasaba eso. Siguió caminando pero a paso lento hasta que llego a su casa y alguien le abrió la puerta.
-         - Hija ¿que haces aquí?- Dijo un hombre
-          Papá ¿porque no están los tíos, porque la mesa de navidad no está preparada?
-         - ¿Para qué quieres que la preparemos con tanta anticipación si faltan prácticamente 24 horas? -dijo una mujer mientras la saludaba
-         - Mamá te extrañe tanto ¿Cómo estás?-dijo Corina
Corina se dirigió a su habitación luego de conversar con sus padres. La chica se encontraba demasiado perdida, pero lo suficientemente lucida como para recordar que el ultimo medico al que había visitado le había dicho que si no lograba superar su trauma muy pronto comenzaría por imaginar cosas.
-No puede ser yo estoy segura de que las escuche – pensó angustiada mientras se acostaba en la que había sido su cama por 20 años. Cuando iba apagar la lámpara que se encontraba en la mesa de noche, vio una revista abierta en una página donde había un artículo que se trataba de que pasaría si hasta el más pequeño de los sueños se hiciera realidad, en solo un segundo ese artículo se le hizo familiar, al mismo tiempo que apagaba la luz sonrió.



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