También conocido como "El Ojo de Brahama", fue sustraído de un ojo de la estatua de un Buda por un soldado francés, quien murió trágicamente al poco tiempo. Llegó a las manos del zar Orlov, quien se lo regaló a la zarina Catalina II. Durante años, la joya permaneció en posesión de la realeza rusa, hasta que vino la revolución de 1917.
En 1932, el empresario de diamantes de Nueva York, J. W. Paris importó esta gema a Estados Unidos. Murió al poco tiempo, tras arrojarse por la ventana de un rascacielos. Quince años después, las princesas rusas Nadia Vygein-Orlov y Leonila Galitsine-Bariatinsky, que habían sido dueñas de ese diamante, también murieron por suicidios.

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